2022
Madrid, 24-02-2020
(modificado, 26-02-2020)
(modificado, 26-02-2020)
(Tiempo de lectura, breve 😊)
Mi sobrino Evaristo está en mi bar favorito calculando en su ordenador la supervivencia del gobierno
Sánchez-Iglesias. Mientras trabaja con una hoja de Excel en su ordenador,
ANDREA nos trae espontáneamente unos bollos y SAM un par de cafés con leche. ¡Estos
androides con inteligencia artificial son insuperables!
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Mira, me dice mostrándome algo para mí ininteligible
en la pantalla: ¡Durará hasta 2022! Elecciones, ese año.
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Pues, ellos, piensan durar cuatro años …

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¡Menudo rollo te acabas de marcar sin respirar! Ese
programa Excel tuyo parece una bola de cristal de cualquier pitonisa barata … De
esas promesas a los barones, ni una está grabada en piedra. Quizás una
financiación al estilo vasco-navarro calme a los secesionistas. Por otra parte, hay quienes sostienen que el
extremismo de los líderes separatistas solo es para fidelizar su electorado.
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Evidente, responde Evaristo. El problema es
que esa parroquia ha crecido enormemente desde 2012 merced al hambre y las
ganas de comer de unos y otros.
“¡Cuánto peor, mejor! …”, sentencia (a lo Rajoy) SAM, que
pasa al lado de nuestra mesa portando una bandeja hasta los topes para otros
clientes.
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Estamos en un momento, señala Evaristo, en el
que nadie parece tener una visión de Estado.
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En efecto. Rajoy, ni siquiera intentó dialogar
con Mas, le recuerdo. Dejó, asimismo, hacer la consulta independentista de 2009;
se cruzó de brazos cuando el “Parlament” aprobó las leyes catalanas inconstitucionales
de desconexión en septiembre de 2017; únicamente aplicó el 155 tras el
referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017; y dejó a Felipe VI solo ante el
peligro independentista denunciando el 3 de octubre la quiebra de la
Constitución, discurso que correspondía al Presidente del Gobierno y no al Rey,
que hay que preservar para reconciliaciones y no
para regañinas.
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Ya, dice Evaristo. El mal está hecho. Le costará
a la Monarquía recuperar terreno en Cataluña.
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En sus memorias, añado, Rajoy despacha este
asunto trascendental en unas pocas líneas, como si la cosa no fuese con él.
ANDREA se ha acercado para retirar de nuestra mesa platos y
tazas. “Pero, finalmente, ¿qué va a pasar con la coalición Sánchez-Iglesias?”,
pregunta, impaciente.
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Eso desgasta.
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Sí, responde mí sobrino, pero mientras no surja algo
que parezca mejor, seguirá la coalición. El electorado no suele cobrarse al encumbrado
mientras no caiga en los espejismos de otro ambicioso, y si la oposición sigue como
va, con Casado y Arrimadas compitiendo con Abascal, puede haber coalición sancho-iglesista
“in saecula saeculorum” ....
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¿Y
lo de las elecciones en 2022 que antes aventurabas?
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¡Vaya
usted a saber!
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¡Menudo programa Excel, el tuyo!
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Mientras no surja
un político con visión de Estado …, se defiende Evaristo.
ANDREA y SAM se ponen a limpiar la cafetera a presión. Evaristo
y yo nos vamos, ahuyentados por tanto ruido infernal.
Carlos Miranda, Embajador de España