¿CUÁNTOS HABITANTES
TIENE CEUTA?
Madrid, 13-09-2026
(Lectura rápida 😊)
“¿Cuántos habitantes tiene
Ceuta?”,
pregunta el maestro en un pueblo del resto de España mirando a Pepito, uno de
sus alumnos preferidos. Por la ventana luce en este mes de septiembre un sol
implacable sin perjuicio de que en el horizonte unas nubes tormentosas se están
formando y son la verdadera esperanza de bomberos locales y de la UME que
luchan contra un incendio forestal en la sierra que se divisa a lo lejos y cuyo
humo espeso se está mezclando ya con las nubes en formación.
Nada más formulada la pregunta del profesor, los alumnos
han organizado un follón en la clase. Desaparecido el orden, Pepito ha sacado una tableta bien disimulada entre sus libros de texto amontonados en su
pupitre como si fuesen la ciencia del Mundo condensada en una pequeña Torre de
Babel.
Mientras Don José intenta apaciguar la situación y se
retiene de dar algún que otro capón como hubiera hecho en el pasado su padre,
también maestro en otro pueblo cualquiera, Pepito ha tenido el tiempo de
repetir la pregunta del profesor en la pantalla de la tableta y de disimularla
de nuevo tras ver el resultado. “86.780”,
proclama escuetamente Pepito cuando, restablecida la paz en la clase, Don José
le mira con un aire que parece decir “A ver si te espabilas”. Nada más
proclamada la cifra se vuelve a organizar un jolgorio.
“Pepito se ha equivocado” proclaman varias voces de esas
que siempre hay en una congregación española, la
de los sabelotodo. “Pepito está equivocado”, remata un empollón en
la primera fila hijo de un ricachón del pueblo que disimula un reloj, conectado
a su teléfono metido fuera de la clase, como es debido, en su casillero, y que
está bajo la larga manga izquierda de su camisa, que solo lleva en clase con
ese propósito ya que fuera de clase prefiere lucir una camiseta de manga corta
que proclama en su frontal su admiración por un jugador de fútbol de la Liga
profesional. El reloj en su diminuta pantalla proclamaba otra cifra: 83.595. Pero el maestro no se lo ha preguntado
y el empollan, prudente, no proclama la cifra correcta para a la vez quedar
bien con el profesor y sus compañeros de clase.
El maestro, que ha preparado su clase de la mañana,
sonríe y cariñosamente reprende a Pepito. “Tus compañeros tienen razón. Tu respuesta corresponde a la población de Melilla,
otra ciudad española en la costa mediterránea de África, cercana, pero que no
es Ceuta que está en el propio Estrecho de Gibraltar. A ver, Luciano”, remata
el enseñante, “¿Cuántos son los habitantes de Ceuta?”.
Al regordete de Luciano le ha cogido el maestro por
sorpresa y menos vivo que sus compañeros de clase no se ha asesorado
electrónicamente, por lo que, naturalmente, ignora la respuesta. Más sincero
que sus compañeros confiesa tras parecer dubitativo unos instantes que no lo
recuerda. “¿No lo recuerdas, Luciano? En realidad, no lo sabes”, le dice el
profesor con toda naturalidad, mientras Evaristo
contempla la escena, sentado en una silla que el profesor a
instalado en la tarima junto a la suya.
Evaristo, mi sobrino, asiste a la clase como invitado
especial para explicarles luego a los niños cómo navegantes contratados por
distintos Reyes de España descubrieron tierras nuevas. Evaristo tiene, me
parece, un “Máster” en Geografía por la Universidad de Oxford Brooks, junto al
río Támesis que fluye por esa ciudad universitaria antes que por Londres. Evaristo es siempre una caja de sorpresas para mí.
Instalado en la terraza de mi bar favorito, nos cuenta a mí, a la ginoide
ANDREA, al androide SAM y al dron-mayordomo volador PAAF esta reciente
experiencia suya mientras él y yo saboreamos las bebidas que deseábamos y que
los robots nos han traído acertadamente sin preguntárnoslo gracias a su
Inteligencia Artificial. A pesar de ser ya septiembre, en Madrid las
temperaturas veraniegas no han remitido y acabamos de reemprender mi sobrino y
yo nuestras ocasionales tertulias vespertinas.
“Vamos, Benedicto, danos la respuesta”, le dijo entonces
el maestro al chaval pelirrojo que todos conocen más bien por Bene”, continuó
contándonos a todos Evaristo mientras a casi la velocidad de la luz los robots atienden a los clientes que llegan, reclaman algo o se marchan.
“Por fin Bene dio la respuesta correcta, 83.595
habitantes, pues también él disimulaba en su mochila con ruedas un artilugio
electrónico al que consiguió consultar aprovechando las diferentes
interrupciones del orden de la clase”, continuó explicando Evaristo que, con
paciencia, repetía algún detalle a requerimiento de los robots ausentados por
necesidades del servicio, pero que, incluso a distancia, seguían el parlamento
de mi sobrino con cierta facilidad gracias a sus diferentes sensores.
“Muy bien Benedicto”, sonrió el profesor, mientras me
miraba con complicidad, continúa contándonos Evaristo. “Sin embargo, al fondo
de la clase Gervasio elevó una voz discrepante”.
- ¿Cómo es eso, Gervasio?, preguntó el maestro.
- Es que ahora hay que sumar los inmigrantes que en julio invadieron sin permiso Ceuta y que no se han marchado.
“El profesor asintió como quien valora el espíritu de iniciativa de uno de sus alumnos a los que sigue con interés, en este caso Gervasio”, explica Evaristo.
- ¿Y cuantos son esos nuevos habitantes de Ceuta?
- No se sabe bien, responde Gervasio, pero yo pienso que unos diez mil que es una cifra redonda.
- Según tú los habitantes de Ceuta serían entonces unos 93.595. ¿Dónde viven?
- Por Ceuta.
- Ya, pero ¿Dónde, Gervasio?
- En la tele dicen que, en unas carpas, pero también desperdigados por la ciudad, que han tomado como suya, y, especialmente en sus playas. Como en Gaza.
- Muy bien Gervasio, me parece muy bien que no te hayas contentado con unas cifras oficiales y hayas ido más lejos en tu curiosidad.
- Gervasio también está equivocado, proclamó entonces otra voz juvenil, la de Vanessa, una jovencita rubia sentada junto a una ventana por la que mira muchas veces para soñar futuros que igual le llegaran, o no, algún día.
- Explícanos, le dijo el maestro.
- Mi Papá decía ayer noche tras plegar enfadado un diario de papel que Ceuta se va a vaciar, que el diario decía que un tercio de la población ya se quiere marchar de la ciudad porque con tantos inmigrantes descontrolados la vida normal es imposible.
- Entonces Vanessa, ¿Cuántos habitantes habría en Ceuta?
- No lo sé confiesa Vanessa, pero si el periódico tuviese razón habría que restar a la cifra de Gervasio unos 28.000, aproximadamente.
- Lo que daría la cifra de 65.595 habitantes, proclama Gervasio tras consultar de nuevo de tapadillo su artilugio electrónico para intentar volver a tener razón.
- Muy bien proclamó el profesor satisfecho. Sois unos tramposos, pero vuestros cerebros funcionan.
Todos nos reímos con la conclusión del maestro reportada por Evaristo.
- Sin embargo, señala SAM, estas cifras van a bailar mucho estos tiempos venideros.
- Eso, señala ANDREA. Con más invasiones y a pesar de más abandonos, igual Ceuta acaba duplicando su población de hoy en día.
- Pero igual ya no seguirían los de origen español, afirma con su acento francés de fábrica PAAF. Es lo que quieren en Rabat, que solo haya musulmanes.
“Sánchez no puede salir bien parado de esto”, me confiesa Evaristo cuando nos estamos marchando calle abajo con un sol que se va acostando cada día un poco antes desde la invasión de Ceuta y la consiguiente violación del territorio nacional según dijo en su momento el propio Sánchez.
- No lo sé le contesto. Es un resiliente que quiere seguir al menos hasta 2031 e, increíblemente, un cuarto de los votantes le respalda aún.
- Yo creo que la baraka, esa condición especial que Alá entrega a una persona o lugar, que los occidentales traducen incorrectamente por suerte, se le ha acabado, insiste Evaristo.
- Triste final sería en tal caso, admito. Ceuta entregada por ahora a 10.000 inmigrantes que no quieren volver a Marruecos y que Sánchez es incapaz de quitárselos de encima. Todo eso envuelto además en tremendas contradicciones en el propio Gobierno, mentiras y censuras. A la Guardia Civil se le ha prohibido mencionar a Marruecos en sus informes. Nuestro Gobierno es ya descaradamente bolivariano.
- Un gobierno dividido con los de Sumar mirando para otro lado y Robles y Marlaska ostensiblemente peleados.
- Solo Robles ha pedido disculpas y afirmado que “Ceuta y Melilla no se tocan”, le recuerdo a mi sobrino.
- Así es, reconoce apesadumbrado Evaristo. Esperemos que si necesario el país la respalde.
- Veremos, comento filosóficamente al despedirnos.
Carlos Miranda, Embajador de España